Archivo mensual: noviembre 2009

Durango

 Decidido; este finde me voy a Durango.  La verdad es que me apetece muchísimo.

Y es que este finde me quedo des-colgada, todos tienen planes. Yogui, Kar y los del grupi… se van con la “marea rojilla” a Málaga todo el puente. Anuski curra el sábado, y yo libro en el bar, así que voy a aprovechar y a coger el “petate” y me voy a ir a pasar 3 días a Durango con Jone, que la verdad es que con las veces que nos ha dicho, nunca hemos ido a visitarla. Por supuesto que quedaremos con “las vaskillas” para (como diría Jone) echar juerga.

Tengo ganas de cambiar de ambiente, conocer gente y cogerme una “chisporrotera” de aúpa (me encanta la palabra chiporrotera)

Anuski se podía animar y acercarse el domingo, comemos en alguna sidrería, echamos café y nos vamos de zuritos. El lunes relax y vuelta a casa. Piénsalo.

Jone, ¡qué voy! Prepárate

NOTA: he puesto esta foto para que vayais poninedo cara a todas mis amigas. No sé que os parecerá chicas, pero la he elegido porque era la más reciente. Salis muy guapas.

A la derecha Jone la chica que me va a enseñar la juerga de Durango, seguida por Yogui que sin barba ni entrecejo es asi de guapa, luego Anuski mi hermanilla y Aini otra vaskilla amiga desde txikis.

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Depilación

Es una “tarea” tremenda para nosotras.

Lo primero porque para depilarte tienes que tener pelos que quitar, es algo evidente ¿no? Entonces tienes que abandonarte, como se abandonan los zapatos viejos que diría Sabina y convertirte en una “mujer tejón”

La cuestión es que las que nos depilamos a cera lo tenemos complicadísimo porque si nos quitamos cuando tenemos dos pelos, tendríamos que volver a ir a los 4 días y volver a pagar. Qué es una cosa que tiene delito, te quitan todos tus pelitos (qué a saber que hacen con ellos) te hacen sufrir durante media hora y además pagas por ello…… si es que vamos a más tontas ¿no? Bueno pero dejando este tema a parte, vuelvo al tema principal. Utilizar la cuchilla sería lo más fácil del mundo, pero nosotras somos chicarronas del norte y aguantamos lo que haga falta. Nosotras preferimos la cera, que te hace mas dura que dura; no es por criticar (en voz muy muy bajita y susurrando) pero las mujeres que utilizan cuchillas o cremas de esas que huelen a corrompido es que son unas micos. Que no me parece mal ¡ojo! Qué cada una haga los que quiera con sus pelos.

Las zonas a depilar son muchas, y te descuidas dos días y ya estas con la cera otra vez a vueltas; que si las cejas, el labio superior (como dicen las expertas) ¡coño! de toda la vida bigote, anda que no le dicho yo veces a mi hermana “joder, que bigotazo tengo” , las piernas, las axilas, las inglés…..  el día que no toca una cosa, toca otra.

Ah! eso sí. Cuando te estas abandonando para hacerte una “limpia” profunda entonces es cuando te llaman del ginecólogo ó te sale plan con algún chico majo…. eso esta científicamente comprobado y esa así porque el mundo esta en contra de las que llevamos pelos.

De todas las maneras yo creo que la conspiración la hacen esas mujeres que no tienen pelos, que son las mismas a las que nunca se les nota la raya del tinte, ni les saltan lorcillas, y que llevan tacones y andan bien…. sí, sí,  hay mujeres así, son las mujeres perfectas; esas que ni siquiera sudan en el gimnasio.

Otro tema a parte es la “lepileidy”, que en mi casa se le llama “rotavator” mucho más gráfico ¿verdad? Bueno pues compramos uno de esos y mi amatxu y mi tía nos dijeron que era gloria que ni te enterabas. Ya, ya…. ellas que tienen pelo y medio en cada pierna…. Un día nos enchufamos el rotavator y nos dispusimos ha pasárnoslo. El ruido que hace ese cacharro es espantoso, es como prrrrrrrrrrrrrrrrrrrrr constantemente, que podían ponerle un cancioncita que te relaje, por ejemplo la de “ahí estas tuuuuuu” que salía en el anuncio de Andalucía, de chambao. Bueno que me lío otra vez, que si tienes rastrojo ni se te ocurra pasártelo. ¡Que dañito! Cuántas veces me habrá dicho mi apatxo, que de depilación no tiene ni idea, que nos pasásemos la candileja, y la verdad que el hombre tenía mucha razón. ¿Qué se hacen con los rastrojos? pues quemarlos ¿no? Si es que…. porque no tengo una candileja a mano que sino….. arrasaba con todos.

Y hasta aquí llega este tema. Que quede claro, una por una, que nosotras somos muy apañadas a lo que depilación se refiere, pero comprendernos alguna… alguna…. vez nos dejamos, como cada cual.

Nuestro lema: “donde hay pelo hay alegría” ¡qué coño!

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De cacería.

Cazar ó ser cazado / Pescar ó picar el anzuelo

A nosotras nos encanta el ritual de “vestirnos de cazadoras”, equiparnos bien con todos los “aparatejos” por si a caso una pieza se cruza en el camino y nos da el aire de ¡¡PUMM!! disparar. Pero a lo hora de la verdad y cargar el cartucho en la escopeta, la garganta se nos hace un nudo.

– “mira que si disparo y no le doy……”

¡Ay amiga! Eso no te lo garantiza nadie. Cazar es un “deporte” de práctica, no de técnica. Por muy bien preparada que vayas, con toda la artillería pesada, nadie te garantiza que a la hora de ejecutar el disparo, no te vaya a temblar el pulso y puuuuffff el cartucho salga hacía otro lado.

 Así que; Yogui, Anuski hay que practicar en campo abierto.

Empecemos por escoger una pieza a nuestra medida, seamos cautas. No podemos empezar por escoger un león, vayamos a algo mas cercano, un conejo, una perdiz…. que no este herida porque sino sería más fácil, y nosotras queremos aprender a cazar piezas normales. Sigámosle la pista, “el rastro” y observemos con detenimiento sus movimientos. Cuando seamos capaces de mirar por la mirilla y apretar el gatillo, entonces sabremos si nuestro trabajo a obtenido los frutos que esperamos, hasta entonces no hay manera de enterarnos si nuestro método de observar es el acertado.

Tendremos varias opciones:

1-     Pegar en el blanco: lo cual significaría que una de nosotras obtendría su pieza, se la colgaría de la cintura y todas lo celebraríamos con un buen almuerzo. Esta claro que la ganadora tendría que explicarles a las demás cómo, cuándo y por qué disparó a esa pieza en ese momento.

2-     No pegar en el blanco: tendríamos que analizar si ha sido culpa de la pieza que ha sabido escapar, ó si por el contrario la culpa ha sido del disparo que se ejecutó sin precisión.

3-     No disparar: simplemente no nos habremos atrevido a disparar por miedo a fallar y nunca nunca sabremos si nuestro disparo habría sido fallido o no.

Así que os doy un par de semanas para escoger pieza. De aquí a 15 – 20 días prepararemos merienda para discutir las posibilidades que tenemos cada una con nuestra pieza escogida. Tendremos que ser sinceras y poner en conjunto todas las opiniones. Una vez realizado este primer paso os diré cuál será el segundo.

 Nota: si alguien al leer esta entrada ha pensado que Yogui, Anuski y yo vamos a irnos un día de estos a cazar con Fulgencio y Guillermo, es que no nos conoce bien ni sabe por donde van “los tiros”.

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300….

No, no es el título de aquella película, esta vez la cosa no va de cine, sino de sexo. Y es que 300 son los orgasmos que la señorita Michelle Thompson tiene al día. Como lo oís, ¡¡300!! Haciendo números, eso son 12 orgasmos y medio a la hora, es decir un orgasmo cada 5 minutos. ¡¡qué sin vivir!!

La noticia es que esta señorita tiene una enfermedad llamada “Síndrome de excitación Sexual Persistente” Que pensando un poco le viene como anillo al dedo el refrán de “lo poco agrada y lo mucho cansa” ¡¡¡Y tanto que cansa!!! Me imagino yo que a esta mujer a las 12 de la noche despatarrada, sudada y con cara de pocos amigos.

Su vida no será fácil, esta claro. Ella se levantará, desayunará  y ay ay ay mmmm mmm….(toma el primero de día), luego se va a la ducha y….woooow!!, que se va a por el pan… ummmm!! que va a trabajar… ups!!! así constantemente.

¿Se cansará de tener orgasmos?

Ella cuenta que ha tenido varios novios pero que es muy exigente y ninguno le venia bien. Hace poco conoció a un vecino suyo llamado Andrew Carr con el que mantiene una relación. Cuenta que le ha costado mucho encontrar a un hombre que la satisfaga sexualmente. Hacen el amor diez veces al día, supongo que todas la veces llegará al orgasmo, porque sino…..  Y es que el apetito sexual de Michelle es mucho mucho mucho grande. Es “chemendo”, esa es la palabra.

¿qué opináis de esta enfermedad? Yo por ahora no coment.

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“Te voy a azotar toda la magra”

Toma, toma….

Es la frase que le dijeron a Anuski el sábado por la noche. Todos los allí presentes coincidimos en que suena bastante “marrana”

 ¿Qué coño quería decirle? Ya la palabra “azotar” suena porno y ¿magra?. ………. ¿A qué se refería? Todos pensamos en lo mismo, sí, pero tampoco nos quedo muy claro porque entonces ¿se la quería azotar? Y lo más más importante ¿Con qué se la iba a azotar? Ma tú…………. ¡¡qué cisco!!

Bueno, la conclusión es que esta frase da asco, te la diga quien te la diga. Aunque sea el hombre más atractivo y guapo del mundo.

Eso sí, seguro que la tontería nos la agenciamos y nos reímos de esto durante un par de meses fijo.

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Comer por comer: untadas y pellejo

Ya tengo ganas de encender en casa la cocina de leña. Nada más pensar en las untadas que hacemos día sí y día también y en el pellejo de cocho mmmmmmmmmm se me cae la baba.

Esa temporada procuramos comprar más pan para que sobre y hacer al día siguiente untada. Coges la barra de pan duro, la partes en dos, (como si irías ha meter jamón para hacerte un bocata) la metes a la cocina de leña para que se ponga un poco tostada, al sacarla untas bien de ajo y le echas un chorrillo de aceite y otra vez a la cocina de leña. Esperas un ratito y ta chán, “untada de ajo”. La puedes comer como aperitivo, en sustitución del pan o como postre. En nuestra casa nos encanta y tengo recuerdo de comerla desde que era una enana.

Otro manjar de los buenos buenos es el bocata de pellejo. El primer paso es conseguir pellejo, que solucionamos rápidamente gracias al Fulgen (apatxito de yogui) que es carnicero y nos da todo el pellejo de cocho que queremos. Lo metemos a la cocina de leña en una bandejilla de las de hace mil años, (la que usaba mi abuelito Silvio para hacer la misma labor). Una vez calentico el pellejo, lo metes entre pan y pan y ¡a hincarle el diente! El pan se queda bladito, blandito….

Cualquier día preparamos en el txoko merendola de untadas y bocata de pellejo, Además ahora que lo pienso en la chapa de estufa del txoko también se podrá ¿no? Luego ya nos sacaremos unas guindillas y una cebolla pa comerla con sal y así “paicernos a nueschos apatxus” jejejeje

 Una cosa que no viene a cuento. Me gusta más la palabra “bocata” que “bocadillo” Suena mejor ¿no?

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Marieta

  Érase una vez una gallina llamada Marieta. Vivía en un corral con muchos más animales, patos, cerdos, ovejas…. Cuando Marieta era chiquitina e iba a la escuela con sus compañeros, era objetivo de burlas porque era una gallina peculiar. Su plumaje no era abundante, llevaba gafas de culo de vaso y no sabía cacarear. Todo el mundo le llamaba Marieta la fea. Su mamá siempre le decía: “Marieta, tu no eres fea, eres diferente” Pero ella sabía que era la gallina más fea del corral y que por mucho que lo intentará nunca sería como las demás. Su aspecto estaba labrando una personalidad tímida, insegura…. La adolescencia fue la etapa más dura. Sus compañeras de corral la aceptaban pero Marieta veía que no se integraba. Todas sus compañeras tenían a polluelos rondándoles. Paula con Felipe; Nuria con Gonzalo; Jessi con Javi…… pero ella estaba sola. Su plumaje, sus gafas y su cacareo seguían siendo sus peores enemigos. Un día; la mamá de Marieta comprendió que su hija tenía un problema y es que cada día estaba más triste y más sola. Así que decidieron poner solución al asunto. Fueron al oftalmólogo que le llevaba el problema de la vista y llegaron a la conclusión de cambiar sus gafas por unas lentes de contacto, pero estas costaban un riñón y la madre de Marieta no podía costearlas. Marieta debía poner algo de su parte, así que colgó unos carteles en el corral donde se podía leer: “Gallina responsable se ofrece para tareas de hogar, cuidado de niños y atenciones a mayores. Preguntar por Marieta” Y se sentó en la cocina a esperar alguna llamada. En pocos días ya tenía 3 viviendas que atender, así que Marieta iba a estudiar, luego le daba de comer a Gabriela una cerda malhumorada que tenía las 2 manos rotas, después pasaba a casa de Rufino, un asno soltero y le limpiaba la cocina y el baño; y por las noches iba a dormir con Jacinta una gallina muy mayor que estaba muy enferma. Por todas esas labores Marieta ganaba 3 pesetas y media. En poco más de medio año Marieta tenía ahorrado 700 pesetas. Le llegaba para sus lentes de contacto así que visitó a Don Gabriel y decidió comprarlas. Marieta estaba feliz, todo el mundo le paraba en el corral para decirle lo guapísima que estaba y a ella eso le proporcionaba una gran autoestima. Siguió trabajando otro año más y ahorrando hasta la última peseta. No tenía vida porque estaba todo el día ocupada con la esuela y sus trabajos. Cuando volvió a llenar su hucha fue a ver a Doña Catalina, un gallina del corral de enfrente que era curandera. Doña Catalina examino su plumaje y receto una cataplasma de flores  y una friegas de barro blanco. Por todo ello Marieta pago 512 pesetas (el trabajo de 5 meses). Marieta comenzó a aplicar las cataplasmas y las friegas todos los días y su plumaje comenzó a coger brillo y espesor.

Cada día Marieta se sentía mejor consigo misma, se veía como las demás gallinas del corral. Paula, Nuria y Jesi no paraban de decirle lo bien que estaba. En el corral no paso desapercibido el cambio que había experimentado Marieta.

Aunque, nuestra amiga, en su interior seguía siendo la misma gallina de siempre, aquella gallina fea e insegura que era de pequeña y que tantos años le hizo sufrir. Su aspecto había cambiado sí, la gente la aceptaba mucho más pero Marieta siempre pensaba que seguía siendo fea, que debía mejorar su cacareo, que debía adelgazar un par de kilos y operarse el pico porque lo tenía un poco torcido. Marieta comenzó a obsesionarse con gustar a la gente e hizo todo lo posible por conseguir todos sus objetivos. La madre de Marieta veía a su hija más contenta que nunca pero aún así tomó la decisión de tener una conversación seria con ella, donde le dijo que por muy mucho que cambiase su aspecto exterior lo que importaba era como se veía ella interiormente y que era eso lo que realmente debía cambiar. tenía que aprender a quererse tal y como era. Marieta pensó en lo que su madre le había dicho y decidió no volver a pensar en cambiarse el pico, ni su físico. Seguía siendo la misma Marieta de siempre, tímida, insegura y fea pero con unas plumas bonitas y sin gafas.

Aprendió a vivir, pero no a disfrutar de la vida porque Marieta en el fondo se sentía tan desgraciada como siempre porque eso no podía cambiárselo ninguna curandera, ni oftalmólogo, eso debía cambiarlo ella y no fue capaz de conseguirlo.

Y es que la personalidad de una gallina se forma desde pequeña y todas tus vivencias y sus experiencias hacen que esa personalidad se desarrolle de una manera u otra. Todos hemos vivido situaciones diferentes en momentos diferentes y por eso somos así. Es algo que nunca vamos a cambiar, no hay dinero ni especialistas que cambien los sentimientos y eso es lo que aprendió Marieta, a vivir tranquila con ella misa, a mirarse al espejo y ver un plumaje bonito o unos ojos más expresivos pero también a ver a la misma Marieta de siempre la que nunca había sido popular por su belleza, la fea.

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