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San Antón y la hoguera

Mañana es San Antón, una fiesta que ¡me encanta!

Desde que éramos pequeñillas recuerdo la tarde de San Antón especial. Amatxu nos sacaba los ropines más viejos y descoloridos y nos echaba a la calle con 2 normas que había que cumplir bajo cualquier concepto.

1-     No quemarnos

2-     No dar guerra ni molestar a los mayores

¡Qué más queríamos nosotras! Y entonces empezaba el que podría haber sido el mejor reportaje de callejeros. Cogíamos cada chiquillo un palo y azotábamos la hoguera como si seríamos “el rubio” ó Emilio “el royo” ¡¡bien afuerte!!

Venía la música y bailábamos con la Xana, y las brujas. La xana es una sardina que se quema no se sabe muy bien por qué y las brujas eran básicamente mujeres del pueblo disfrazadas dispuestas a bailar el corro de la patata todo el rato, entre ella era fan “la arinda” ¿os acordáis? Luego salían los del corralin (que entonces no existía) con unos pucheros llenos de migas y las repartían con un vasillo de “mol”. Por aquel entonces me parecía un estrés tremendo y hoy en día me reafirmo ¡es un caos! Mujeres por ahí, por aquí, por allá, platos que pasan llenos de migas, platos que vuelven a pasar vacíos, gritos s los chiquillos, saludos y besos entre la gente del pueblo…. os imagináis ¿no?

Cuando ya se iba la gente nos quedábamos los del barrio, montábamos una mesa larga larga y se dividían en un lado las mujeres y en el otro los hombres. Esta claro porque era así ¿no? las mujeres para hablar de lo que sea y terminar con La Berdun y sus “trucos” de alcoba; y los hombres para comer bien de colesteroles sin que la parienta les rechiste y añadir al menú buen lingotazo del vino de ese de “menganito” que debe sacar 16 grados.

Si hacía mucho frío apatxo y Julio Barrena ponían las furgonetas de paraderas para que así por lo menos quitasen el aire.

Los chiquillos mientras sin parar de jugar en la hoguera, cogiendo brasas para echar patatas envueltas en papel albal y que así se asarían bien.

Luego venía Biuti y quemaba un corcho y nos pintaba la cara ¡era el súmmum! Nos creíamos indios apatxes dispuestos a cazar, despiezar y comernos nuestras piezas como caníbales.

Cuando los mayores terminaban de cenar, la Pilarín sacaba el chocolate y acudíamos todos los chiquillos alrededor de la mujer para que nos echase los primeros. Chocolate y biscochos mmmmmmm……… al terminar el chocolate nuestra cara era auténtica, entre lo renegridos del corcho quemao y los morriquetes de chocolate….. ¡un cuadro!

Entonces llegaba la hora de los cantes, la guitarra y las jotas.

            – ¡Qué canten las gemelas! – gritaba siempre alguna mujer

A nosotras nos daba mucha vergüenza pero al final terminábamos cantando, “Jardinera, Jardinera” y la del campesino. Nos aplaudían mucho mucho pero era para dejarnos contentas aunque la verdad le poníamos mucho empeño para que apatxo se sintiera orgulloso. (si encuentro una foto en la que salimos cantando la pongo)

 Luego llegaba la hora de las jotas con fundamento. Apatxo era el que más jotas se sabía y el que mejor las entonaba. Mientras las mujeres sacaban “las alcohólicas” y las repartían  encima de la mesa. Nos encantaba cuando decían “las alcohólicas”.

A las tantas de las mañana y después de preparar follón entre los chiquillos las amatxus nos cogían en volandas y nos llevaban a la cama engañándonos de que ya todos se iban. ¡Mentira! Que en cuanto nos dormíamos se bajaban otra vez al folclore y el cante, a las alcohólicas y a “la berdun” y nosotros ignorantes de la vida durmiendo como auténticos angelitos gitanos.

A la mañana siguiente con la legaña puesta a escuela, eso sí, después de una ducha para quitarnos el olor a jumera.

Nos lo pasábamos bien de veras. Era un día especial de descontrol. Por eso estoy deseando de que llegue el sábado y poder hacer nuestra hoguera, con txitorra y panceta entre pan y pan y unas pocas migas (ya les pediremos a los del corralín) sacar el “mol” y las alcohólicas y que salga “la berdun” a relucir. Yogui dile a Fulgen que se acuerde de guardarnos de su txistorra que es ¡la mejor del pueblo!

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Días lluviosos

lluvia

Hemos tenido un finde pasadito por agua y ¡¡lo qué nos queda!! He mirado y esta semana comienza con lluvias, y lo tengo que reconocer ¡me gusta! Los días lluviosos tienen su encanto ¿no creéis? Días de paraguas, botas de agua, chubasqueros, de mirar por la ventana al huerto, de frases hechas “anadanda como esta cayendo eh?” “dicen que han caído tantos litros” “deja, deja que esto pal campo viene gloria” “alaaaa que se limpie todo bien” y de escusas para quedarte un poco más en la cama o echarte una siesta….

En casa de Yogui era algo tradicional el chocolate el día que la brigadilla podaba los árboles de la carrera, ahora no sé si estiman la fecha de la poda y lo hacen igualmente , se lo tendré que preguntar porque árboles ya no hay. En mi casa somos más de celebrar la nieve con un manú especial.  Es algo que sabemos desde el momento que nos levantamos y vemos el huerto nevado. El menú será migas de mi apatxo tradición adoptada de su padre y chocolate con picatostes que nos hace amatxu mmmmmmmm ah! y también sabemos que las zapatillas de casa ese días estarán calenticas porque nos las dejan en la cocina de leña para llegar a casa y ta chán ¡piecitos calientes!

Ayer, para irnos a casa contentas, quedamos en que una tarde que haga frío y llueva tenemos que hacer chocolate. Ya sabemos que cualquier escusa es buena porque el miércoles pasado quedamos en el txoko para….. “ver a los vitis” si señor, con un par….. jejeje y realmente hace que la semana se sobrelleve mucho mejor. Así que espero bajadas de temperaturas y algún chubasco porque tengo mono de chocolate con pan o con churros o con más chocolate todavía.

Y es que el chocolate anima muchísmo y te da un chute de felicidad.

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